¿Realidad o ficción?

Todas aquellas historias en torno al Castillo que formaron y forman parte del acervo popular.


EL PASADIZO SECRETO DEL CASTILLO DE LOS ZÚÑIGA

Los cartayeros, desde pequeños, hemos escuchado historias relacionadas con el túnel del castillo, relatos fantásticos sobre animales que en el entorno del castillo desaparecen y vuelven a aparecer a muchos kilómetros de distancia y sobre las losas con agujeros que hay en la entrada de la iglesia y que son identificadas con el acceso al túnel. Historias que engrandecían más aún el mito cuando lo asociaba con fabulosos tesoros escondidos en su interior pero, ¿qué hay de cierto en todo eso?

Extracto del relato:

“Hace ya muchos años, cuando era tan sólo un niño, un día ayudé a un tío mío a limpiar el pozo del castillo. Como estaba lleno de escombros y era un hueco pequeño, mi tío me fue bajando con la ayuda de una cuerda hasta que vi que en uno de los lados del pozo había un hueco oscuro que parecía no tener fin. Apenas tenía un pequeño candil y con mucho esfuerzo entré en el túnel. La vista no me permitía descubrir su final, pero de pronto, sentí un escalofrío y pude observar unas figuras que me parecieron humanas y que parecían mirarme desde el fondo. La luz se reflejaba en lo que parecían armaduras o escudos metálicos. Sentí como si me mirasen, como si estuvieran molestos por haberme atrevido a perturbar su descanso. Sentí tanto miedo que ni siquiera conté a mi tío lo que pasaba, le grité que me subiese y salí corriendo hasta mi casa, donde mi madre me dijo que nunca se me ocurriera decir nada de lo que había pasado. Y eso he hecho… hasta ahora”.

[Escucha la versión teatralizada del artículo publicado por el historiador local D. Antonio Mira Toscano en la Revista de Feria del año 1999]


DEFENSA DEL CASTILLO DE CARTAYA CONTRA EL REBELDE PORTUGUÉS

Extracto del relato

Corría el año del Señor de 1666. Amanecía el miércoles dos de junio. El sol amenazaba de nuevo con un día caluroso. La villa estaba tranquila aunque en todos reinaba la preocupación por la amenaza de la invasión portuguesa que el año anterior había estado a punto de llegar a la villa después de saquear los rebeldes la localidad de San Silvestre en la que perdieron la vida tantos inocentes y otros perdieron sus hogares y todos sus enseres. A pesar de esta preocupación latente, los habitantes de Cartaya laboraban en sus distintos trabajos con la mirada puesta en mejorar la vida de esta tierra que los vio nacer.

Don Antonio Flores de Quiñones, alcaide y castellano del Castillo de Cartaya, se encontraba reunido con los mandos militares y señores del Cabildo para fijar posibles estrategias ante una situación inesperada. Desde la torre del homenaje observaban en el horizonte los primeros rayos de sol. Y nublando estas primeras luces del alba, una nube de polvo que auguraba a un jinete que se acercaba a la fortaleza. Traía malas noticias.

[Escucha la versión teatralizada del artículo publicado por el historiador local D. Antonio Mira Toscano en la Revista de Feria del año 1999]

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